Llevo unos meses (desde, digamos, navidad) pasándolo mal, y peor desde los exámenes, por la forma en la que mis trastornos alimenticios se relevan los puestos. Ahora sufro del más doloroso de todos, y lucho por librarme de él.
Ayer estuve enferma o enfermo, y vomité todo el día, y desperté a las siete de la tarde.
Llevo meses a causa de la segunda pubertad sufriendo una crisis de identidad que no sentía desde hacía mucho tiempo. La primera vez que sentí esto lo dejé pasar rápidamente porque pensé que eran imaginaciones mías. Bueno, aparentemente no. Aquí me tiene el inexistente lector dudando de quién soy una vez más, y como es éste idioma tan fuertemente marcado respecto al género, me referiré ahora hacia mi mismo o misma de ésta forma, usando ambos, porque hablar de mi como si fuese una mujer lo siento artificial, y lo mismo para el caso contrario.
Si quitásemos el tema tca y las amenazas con internarme en la Barcelona por parte de mis padres y mi crisis de identidad no lo estoy pasando tan mal. Es decir... Lo pasaba mejor hace unos meses, para ser sincero o sincera.
Daba unos paseos muy bonitos por Martutene. Habría de volver, de hecho, y sacar unas fotos y ponerlas por aquí para que disfrutéis como yo del bonito paisaje bucólico-pastoril que me provee. También pondré por aquí mi foto de graduación.
Ahora preparo la selectividad. Supuestamente. Aún no me he puesto a estudiar.
El otro día vi a Maider. Fue divertido. Le quiero mucho.
Rezad, rezad por mi alma. Rezad por mi salvación y mi bienestar. Nunca he estado tan triste.
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