sábado, 23 de mayo de 2020
Sábado
Hoy he quedado con John. Ha sido un poco aburrido; creo que se repite. Después le he convencido para irnos a casa, porque él quería ir al centro, y yo estaba agotada. Y odio el centro, por supuestísimo. En ese momento hemos visto a Marian y a Ina, que son la madre de Erika y su nuera (¿se dice nuera? Los términos familiares ni me van ni me vienen. Lo que quiero decir es que Ina es la novia del hermano de Erika. Erika es tía ahora.) y han entrado en el eroski. Después han salido comiéndose unas napolitanas de chocolate. Casi se me empañan de lágrimas los ojos al recordar los días en los que Erika y yo hacíamos eso al ir de compras, pero lo que le ha hecho a Erika la vida me lo impide un poco. Pobrecita, se me corta la voz, tengo un nudo en la garganta, ¡le echo de menos! Lloraré un poquito más. Lloro a diario, sea por lo que sea. Gracias a Dios que mis vestidos me hacen sentir mejor. Hoy me he probado uno que no solía quedarme muy bien. Hoy lo he encontrado precioso en mí. Significa que antes no estaba preparada para vestirlo. La ropa es mi maestra, mi coraza y mi corazón. No puedo expresar lo feliz que me hace.
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