Me gusta mucho Fragonard, por eso le he puesto como fondo en el blog, y no hay más. Éste es mi cuadro favorito de él, seguramente. Es tanto por el escapismo que me proporciona, como porque la mujer que aparece en él es el máximo exponente de la belleza femenina (daría lo que fuese por ser como ella por un día). A mis ojos, claro. A los ojos de otros no será así; puede que ni siquiera la encuentren bonita. Pero ellos tienen mal gusto, porque sé que mis ojos no mienten. El cuadro en su totalidad me recuerda a alguna escena de Blancanieves (incluso ella se parece, agh, le amo) y eso me hace quererlo aún más. Es erótico porque es rococó. Yo no me preocupo por el erotismo a no ser que tenga que ver con el rococó. El sexo es aburrido e indeseable para mí, pero si tiene que ver con el rococó francés, entonces me parecerá adorable. Seguiré sin quererlo, posiblemente, pero puedo ver el por qué. Es algo muy, muy bonito. ¿Se ha perdido la coquetería erótica del rococó francés? Eso sería muy triste.

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