domingo, 5 de abril de 2020

Mis distintos nombres

Desde el otro día llevo pensando en escribir ésta entrada. Llevo inventándome nombres para mí misma desde que algún año de primaria decidí que mi nombre dejaría de ser Inés para convertirse en Seni, que sonaba mucho más adorable. No me gustaba mi nombre para nada, porque me resultaba excesivamente esbelto (sólo cuatro letras y una 'i' para comenzar no es una buena idea. La palabra se  estiliza casi instantáneamente), y yo no quería serlo. Me parece un nombre un poco aburrido. No es especialmente habitual, pero sigue siendo aburrido. Siempre he querido un nombre largo y excéntrico, y de ahí nació mi deseo de llamarme Hécate, a los ocho o nueve años. Poético, ¿verdad? En realidad lo saqué de un cómic; no tenía ni idea de quién era la Hécate original, pero mi madre me lo explicó, porque mi madre es una erudita en todos los ámbitos. O en muchos, con suerte.
Después de eso, y años después llegó Agnes. Maider  e Inés se tradujo de un día para otro a Sena y Agnes, y nos llamábamos así siempre. Absolutamente. Aunque la verdad es que yo cumplí más con mi parte, y llamarle Sena salía de mi como algo natural, pero a ella le costaba llamarme Agnes. Si acaso, algún día haré un dibujo de esa época (idealizado,obviamente; no vaya a ser que se cargue el patrón del blog. Ante todo, soy una esteta. Ji,ji...) y lo colgaré aquí.
Éste año y parte del anterior perdí totalmente mi cabeza en mis diarios, y firmaba cada día con un nombre distinto, hasta que en el último dejé de hacerlo, y ahora sólo ocurre de manera ocasional. Yo no sabía que ésto ocurriría, así que en la primera página se puede leer:

MEMORIAS DEL ÚLTIMO AÑO DE SECUNDARIA DE INÉS ALDAZABAL RUIZ (entre otros nombres)

Y me parece que en alguna otra página hay un listado con los nombres que son, pero no me he puesto a buscarla (mi diario huele raro, como si hubiese salido de una casa que no es la mía, y huele a una colonia que no he usado nunca.). Cosas como Isabel, y variantes de éste. 

Si fuese un hombre tengo por seguro que me encantaría llamarme Marmaduke (por Marmaduke Bonthrop Shelmerdine) o Maximilliam, e iría enfundado en puntillas, al igual que ahora. A lo mejor hasta usaba vestidos, con lo que me gustan... Aunque supongo que sería un dandi. O más que un dandi, un macaroni. No hay cosa que me apetezca más. Si pudiese cambiar de cuerpo cada día (a voluntad), creo que haría grandes cosas. Sería muy divertido, ojalá pudiese. Si la magia existe, espero que el diablo me conceda éste de entre sus tres deseos. Es una escena que llevo imaginando desde siempre, algún día la explicaré. Con dibujos y todo. 

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